Mientras algunos están hablando de las estrategias de las microempresas (Startup) para crecer en el mercado actual, estudiosos de escenarios futuros y expertos plantean que estamos llegando a la “Post-Startup Era“, un punto cuestionado para este tipo de negocios creados para crecer rápidamente pero con una sostenibilidad débil.

Aunque estas teorías se encuentran en un terreno exploratorio, lo cierto es que estas pequeñas empresas enfocan sus esfuerzos en identificar una oportunidad de mercado y concentrar allí su capacidad innovadora mientras que las compañías maduras tienen que encontrar constantemente oportunidades si quieren sobrevivir y crecer.

En este escenario, las empresas establecidas deben atravesar el proceso de generar nuevo conocimiento, poner en práctica estas nuevas perspectivas para identificar oportunidades y convertir lo anterior en hábitos y comportamientos incorporados en la compañía, pero ¿Cómo las empresas logran atravesar el proceso hasta impactar la cultura y no quedarse solo en la implementación de proyectos de innovación?.

Por un lado pueden comprar innovación, sin embargo esto nos devolvería al dilema inicial que expusimos con respecto a la innovación y la sostenibilidad. La otra opción es crear una cultura de innovación que estimule la creatividad en un momento donde el conocimiento es experiencial. Este clima alentaría a las personas a empezar varios proyectos que se prototipan rápidamente para que el error “salga más barato” y puedan aprender de él, para innovar.

Más allá de aprender metodologías y ponerlas en práctica, el reto para aquellas empresas que realmente desean ser innovadoras está en construir una cultura de innovación.